DESCUBRIENDO EL CORAZÓN EUROPEO

26 Junio, 2018

Para aprovechar al máximo un viaje, lo ideal es salir lo antes posible para poder disfrutar el mayor tiempo posible de nuestro destino. Y eso es lo que hicimos.

A las 9:20 poníamos rumbo a Bruselas, un vuelo cortito pero lleno de ganas por llegar. Una vez allí nos las apañamos para llegar hasta el centro de la ciudad gracias al tren, y desde que sales a la calle en la estación central, empiezas a disfrutar del ambiente belga. Llegamos al hotel y nos hicimos con un mapa y con información valiosísima sobre dónde comer, por dónde salir, qué ver... y aquí es donde realmente comienza la aventura.

El centro de Bruselas se puede ver andando fácil y rápidamente, además el ticket de metro para un día entero vale 7.50€, aunque nosotros optamos por la primera opción. Nuestra primera parada fue la Grand Place, que te deja sin palabras desde el primer momento que la ves, ya sea de día o de noche, desde ahí fuimos a visitar al famoso Manneken Pis, una pequeña estatuilla de unos 50 centímetros rodeada de distintas historias acerca de su origen, y además de todo esto, uno de los símbolos más importantes de la capital belga. Desde allí subimos hasta la Place Royale, donde encontramos la Iglesia de Santiago, para después ir hasta el Museo de Instrumentos Musicales, al cual no entramos pero cuya fachada es increíble. Y lo mejor de allí fueron las vistas que tienes desde arriba del Mont des Arts y de la ciudad en general, perfecto lugar para fotos. Y ya para terminar el día, paseíto de vuelta hasta el hotel.

El día siguiente fuimos a la mágica ciudad de Brujas, pequeña pero llena de encanto. Optamos por contratar un free tour, algo de lo que no nos arrepentimos para nada, el guía genial y descubrimos rincones e historias que no habríamos conocido sin él. No se puede elegir un sitio o dos en concreto, ya que toda la ciudad mantiene su belleza en cualquiera de sus calles. Así que la mejor y única opción para conocerla bien, es verla.

Nuestro tercer día de viaje fue en la ciudad de Gante, más grande que Brujas, pero igualmente mágica, aquí sí que encontramos zonas más llamativas que otras, ya que el centro con el Campanario de Gante, junto a la Catedral de San Bavón y la Iglesia de San Nicolás te proporcionan la vista de las famosas "3 torres" de Gante, y hacen que el centro histórico resalte sobre el resto de la ciudad. El Castillo de Gravensteen también es una visita recomendable si eres aficionado a estas construcciones, yo personalmente lo disfruté mucho.

Y llegamos a nuestro último día, aprovechando que el vuelo era por la tarde, pudimos dar un último vistazo a la parte todavía desconocida de Bruselas, el Atomium, el Parque del Cincuentenario, y el Barrio Europeo, para esto sí que optamos por el metro, ya que no se encuentran tan metidos en el centro como el resto de edificios. El Atomium es una visita obligada si vas a Bruselas, ya que es símbolo e imagen de Bélgica. En cuanto al Parque, destacar su impresionante Arco del Triunfo y la cuidada vegetación que posee. Y por último todos los edificios sede de Europa, una zona distinta por la que pasear y ver dónde se reúnen los máximos cargos de los países europeos.

Para terminar el viaje, tren hasta el aeropuerto, y despedida de este maravilloso país al que seguro te deja con ganas de volver.

Y no nos olvidamos de la comida, ya que hay que destacar que tienen unos platos de comida espectaculares cuyos nombres son difíciles de recordar, pero su sabor difícil de olvidar. Después de postre, un buen gofre, o su famoso chocolate para dejar un sabor dulce y delicioso. Y para acompañar las comidas, patatas fritas y una buena cerveza a elegir entre las miles de opciones que puedes encontrar, y para tenerlas todas juntas, nada mejor que el Delirium Tremens, visita indispensable en la maravillosa capital belga

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